Del 8 al 11 de noviembre, la Argentina recibirá la visita de Su Santidad el Papa León XIV, un acontecimiento de esperanza para toda la Iglesia y el pueblo argentino. Serán días de encuentro, fe y comunión, que nos invitan a renovar nuestro compromiso con el Evangelio y a caminar juntos como pueblo.
La visita del Santo padre a la Argentina se percibe como un acontecimiento de gracia. El lema del Santo Padre: «In Illo uno unum» evoca el anhelo de unidad inscripto por Dios en el corazón humano. Un anhelo también del pueblo argentino que, en el frontis de la catedral de Buenos Aires, esculpió el reencuentro de José y sus hermanos (Gn 45) como ideal de encuentro y cooperación entre los argentinos.
Nuestra historia ha sido una larga sucesión de dolorosas fracturas y desencuentros que la cultura popular llama habitualmente: “la grieta”, grieta que es una herida que duele. En ese marco la visita de aquel que se presentó en la Plaza de San Pedro augurando la paz del Resucitado es vista como una oportunidad para el reencuentro. Por eso desde el anuncio de la visita del Santo Padre, la Conferencia Episcopal Argentina ha invitado a la comunidad católica a rezar pidiendo al Señor ser una “nación hospitalaria1”.
El sucesor de Pedro tiene la misión de confirmar a sus hermanos en la fe (Lc 22,32), eso implica renovar el impulso misionero. Así lo perciben los obispos que han elegido como texto inspirador de la visita el número 16 de Magnífica Humanitas.
La Iglesia desea que toda la sociedad argentina escuche la voz del sucesor de Pedro que invita a todos los hombres y mujeres2 a reconstruir Jerusalén incluyendo las piedras desechadas (“los pobres, los enfermos, los migrantes, los pequeños”) en ese tejido social que conforma una ciudad que pone “a Dios en el horizonte de nuestro actuar y al ser humano en el centro de nuestras decisiones”. La Iglesia en Argentina espera que la presencia del Santo Padre renueve en ella la convocación a la misión, como expresa la oración preparatoria a la visita.
El lema de la visita Papal

El lema está compuesto de dos frases, binomio que evoca la identidad cristiana enunciada por Aparecida a través de otra dupla: “discípulos misioneros3”. El centro del lema está en la palabra TODOS. Hace referencia a que TODOS son bienvenidos al encuentro y enviados a anunciar el Evangelio.
Bienvenidos todos. La expresión remite al corazón hospitalario de Dios que ofrece una fiesta para todos los pueblos4. Jesús, el Hijo de Dios, ha venido para ofrecer ese banquete a todos; en su vida y enseñanzas Él nos revela un Dios Padre con los brazos abiertos que recibe a todos los que se acercan5. Jesús es la presencia hospitalaria de Dios en la historia: vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados y yo los aliviaré (Mt 11,28); todos pueden acercarse con la certeza de que al que venga a mí yo no lo rechazaré (Jn 6,37). La expresión más cierta de esta invitación que Dios hace a acercarse a su amor la encontramos en la Cruz de Jesús, donde se evidencia que no hay amor más grande que dar la vida por los amigos (Jn 15,13); Jesús entrega la vida libremente por amor a todos6. Por eso la cruz, en cuanto expresión del amor de Dios, es un punto de atracción para toda persona que tiene necesidad de sentirse amada7.
Vayan y anuncien. La Iglesia presente en Argentina desea renovar su respuesta al mandato misionero que Jesús hace a sus discípulos (Mc 16,15). La Iglesia se siente urgida por la voz del Resucitado a “salir a los cruces de los caminos e invitar a todos los que encuentren” (Mt 22,9) para que nadie quede fuera del banquete. La misión implica salir de sí mismos: la salida, el movimiento, es condición estructural de la proclamación del Evangelio. El Santo Padre nos recuerda que “la Buena Nueva que estamos enviados a anunciar al mundo no es un ideal abstracto; es el Evangelio del amor fiel de Dios, encarnado en el rostro y en la vida de Jesucristo. La misión de los discípulos y de toda la Iglesia es la prolongación, en el Espíritu Santo, de la misión de Cristo; una misión que nace del amor se vive en el amor y conduce al amor8”. Los miembros de la Iglesia son los discípulos misioneros que anuncian a Jesús siendo signos de la hospitalidad de Dios para una humanidad herida, “constructores de comunión (…) siervos del Reino que viene” a fin de “edificar en el bien, para que la humanidad nunca pierda su propia belleza y el mundo pueda reconocer una vez más, en el corazón del ser humano, el lugar donde Dios desea habitar” (MH 16).
Acerca del logo
El logo parte de una idea central: todos son bienvenidos y nadie queda afuera, todos forman un Pueblo cuyo centro es Cristo. La diversidad se representa a través de personas de distintos tamaños, formas y tonalidades, reunidas dentro de una misma composición.
La gama de celestes con
ecta visualmente con la identidad argentina, mientras que el uso de la contraforma permite que, entre las figuras, veamos una cruz como símbolo central. La cruz en el centro nos recuerda la centralidad del kerygma que el Pueblo de Dios anuncia y proclama.
La perspectiva y la disposición de las personas generan una sensación de movimiento hacia adelante, que avanza unida y recuerda la doble direccionalidad del lema: del encuentro al anuncio cuyo sujeto es el discípulo misionero que conforma este Pueblo de Dios en camino. Un camino compartido (synodo) donde cada uno participa corresponsablemente para ser, todos juntos, signos e instrumentos de la presencia de Aquel que prometió estar en medio de su comunidad reunida (cf. Mt 18,20). Al mismo tiempo, la reunión de todas las figuras junto a la cruz remite a una escucha compartida y atenta, vinculada con el llamado de “vayan y anuncien”.
El objetivo no es representar literalmente cada origen, sino construir un símbolo universal en el que distintas personas puedan sentirse incluidas como miembros de un único pueblo, de esta manera se visibiliza lo dicho por el Papa León XIV en MH 16: “Entonces las piedras desechadas —los pobres, los enfermos, los migrantes, los pequeños— se convertirán en piedras angulares, y sobre la tierra surgirá un hogar común sólido y hospitalario, donde el amor y la verdad finalmente se encontrarán, y la justicia y la paz se besarán”.
Así, el símbolo expresa apertura, diversidad, anuncio y encuentro.
Oficina de Comunicación y Prensa
Conferencia Episcopal Argentina
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Referencias:
- Al final se ofrece la oración de preparación a la Visita del Santo Padre aprobada por la Conferencia Episcopal Argentina.
- “A todos los fieles católicos, a todos los cristianos, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad les dirijo un vehemente llamamiento” MH 16
- El binomio fue retomado explícitamente por la exhortación Evangelii Gaudium, exhortación que, según el Papa León XIV, “sigue representando un punto de referencia decisivo: no se limita a introducir nuevos contenidos, sino que recentra todo en el kerigma como corazón de la identidad cristiana y eclesial”. Carta del Santo Padre León XIV a los Cardenales (12 de abril de 2026).
- El Señor de los ejércitos ofrecerá a todos los pueblos sobre esta montaña un banquete de manjares suculentos, un banquete de vinos añejados, de manjares suculentos, medulosos, de vinos añejados, decantados. (Is 25,6)
- Lc 15, 11-32
- “El Padre me ama porque yo doy mi vida para recobrarla. Nadie me la quita, sino que la doy por mí mismo” (Jn 10,17-18)
- “Cuando yo sea levantado en alto sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí”. Jn 12,32
- Mensaje del Santo Padre León XIV para la 100º Jornada Mundial de las misiones (25/01/2026)
