Parece una utopía. Aunque también depende de cómo lo veamos, siguiendo la perspectiva de la Madre Teresa de Calcuta que solía decir: “lo que hacemos es como una gota en el océano… pero sin esa gota, el océano no sería el mismo”.
Tal vez lo que nos quiere transmitir en esa reflexión es que aún una pequeña actitud nuestra a favor de alguien, un simple acto bueno que lleguemos a concretar, es intrínsecamente un gesto que nos acerca a la santidad. Los santos “de antes” parecían inalcanzables. Casi imposible llegar a su altura. Pero la Madre Teresa, con su ejemplo, cambió esa perspectiva y puso a nuestro alcance la posibilidad de “ser santos”, demostrándonos que en las pequeñas cosas de todos los días, en las actitudes de bondad hacia nuestros hermanos, en esas situaciones en las que sabemos que podemos dar una mano y cambiar todo… Por ahí pasa el camino que lleva a la santidad, un camino arduo, pero no imposible.
La Madre Teresa de Calcuta es una de las figuras más emblemáticas del siglo XX y su legado trasciende las fronteras de la religión. Ella entendió que la verdadera espiritualidad no se desentiende del mundo, sino que se encarna en él a través de acciones concretas, demostrando que el amor verdadero se manifiesta en una fuerza capaz de salir de “la actitud cómoda” para desafiar ambientes hostiles, socorrer a desahuciados, pobres, necesitados.
La valentía de la Madre Teresa se manifestó desde el momento mismo en que decidió cambiar la seguridad de los muros del convento de las Hermanas de Loreto, en Irlanda, donde ejercía como maestra, por la intemperie absoluta de los suburbios de Calcuta.
El motor de toda su obra nació de lo que ella llamó “el llamado dentro del llamado» en 1946. Al escuchar espiritualmente las palabras de Jesús en la cruz, «Tengo sed», entendió que su vocación no era solo aliviar la pobreza material, sino saciar la sed de amor y de almas de Jesucristo. Para ella, la audacia no era la ausencia de miedo, sino la convicción de que el deber de aliviar el sufrimiento ajeno estaba por encima de su propia seguridad física. Con esa finalidad en 1950 fundó las Misioneras de la Caridad, con el propósito específico de atender a quienes la sociedad descartaba: moribundos, enfermos de lepra, pacientes con VIH/Sida y niños abandonados.

Esas experiencias de vida experimentadas por la Madre Teresa están puestas de manifiesto en el libro “El Rostro del Amor” de Luisa Cotig a raíz de la entrevista realizada por su aut ora durante la visita de la santa a nuestro país, en 1982. En las páginas del libro se palpa no solo el júbilo de la autora por haber podido acceder a compartir un momento con la hoy santa, sino escuchar de su propia voz los actos de servicio y la demostración de su valentía y determinación con las que desafió las estructuras sociales y políticas de la época.
A través de anécdotas y reflexiones personales, la obra nos invita a redescubrir la sencillez y el profundo testimonio de entrega de una de las figuras más inspiradoras del siglo XX, demostrando que su santidad no fue teórica, sino plenamente práctica, basada en ver el sufrimiento humano como una urgencia que requería acción inmediata.
Si querés descubrir más sobre este libro, te invitamos a ver la entrevista que realizamos a la autora en la siguiente entrevista:


