Primero la radio, luego la televisión. Primero el micrófono, luego las cámaras. Y siempre, en el centro, el Evangelio. Fulton Sheen fue uno de los grandes pioneros de la comunicación católica del siglo XX: un sacerdote capaz de entrar en los hogares de millones de estadounidenses y de dirigirse a la conciencia de toda una generación.
En San Luis, Missouri, la tarde del 24 de septiembre, la Iglesia celebró su beatificación, reconociendo en él una figura capaz de aunar profundidad teológica, talento comunicativo y pasión misionera. San Juan Pablo II lo había definido como «hijo leal de la Iglesia» y, con motivo de sus sesenta años de sacerdocio, le había escrito que Dios lo había llamado «a proclamar de uan forma extraordinaria su palabra dinámica».
Fulton Sheen comprendió antes que muchos otros que el mensaje cristiano podía transmitirse a través de los nuevos medios de comunicación sin perder nada de su profundidad. La radio y la televisión se convirtieron así en nuevos púlpitos desde los que hablar de fe, moralidad, sufrimiento, familia y dignidad de la persona humana, llegando a un público al que la predicación tradicional difícilmente habría podido llegar.
No fue solo un comunicador de éxito. Fue, sobre todo, un sacerdote que supo poner la comunicación al servicio de la evangelización, convirtiendo su popularidad en una oportunidad para llevar a Cristo al corazón de la sociedad contemporánea.
