En este tiempo de constantes cambios, de información que no alcanzamos a seguir y de la sensación de estar atrasados, desinformados o quedarnos atrás si no estamos al tanto de los acontecimientos y las noticias de nuestro grupo o de nuestra «burbuja», es necesario detenernos, conversar y pensar sobre lo que está sucediendo.
¿Somos acaso máquinas que procesan información o somos personas que piensan, sienten, eligen y conviven? De eso se trata educarse. Y cuando escuchamos la palabra educación, inmediatamente pensamos en la escuela. Pero los medios de comunicación son una escuela sin muros, porque constantemente informan y nos dicen qué tenemos que leer, ver y hacer. Es decir, quienes producen contenidos buscan guiarnos y orientarnos. ¿Hacia dónde?
La necesidad de analizar, con distanciamiento crítico, aquello que recibimos es permanente, pero hoy se vuelve más urgente, ya que «toda tecnología educa a quien la utiliza», afirma la Carta Encíclica Magnifica humanitas, del papa León XIV. Y agrega: «Educar para el uso de la Inteligencia Artificial (IA) implica, por lo tanto, educar para decidir cuándo y en qué situaciones no utilizarla».
La IA está prese
nte en todos nuestros accesos a la información, ya sea a través del celular o de otros dispositivos, e incluso en la radio y la televisión, porque quienes producen los programas se sirven de ella mediante distintos sistemas. Al pagar una cuenta bancaria, solicitar un turno médico y realizar otras operaciones, incluso en el supermercado, la IA está allí. ¿Cuándo debemos utilizarla y cuándo es mejor no hacerlo?
Uno de los criterios para elegir es el respeto por el ser humano y su dignidad. Es cierto que también en las relaciones presenciales, con frecuencia, existe falta de respeto por diferentes motivos que se resumen en prejuicios relacionados con cuestiones sociales, étnicas, generacionales, de género, entre otras. Por eso, educarse para la comunicación significa aprender a convivir y saber elegir el momento de utilizar las tecnologías, también cuando estamos en familia. Son frecuentes las imágenes de personas que asisten a una fiesta o a una cena y que, en lugar de conversar, escuchar y mirarse a los ojos, permanecen cada una en su celular, dentro de su propio mundo.
Desde su experiencia en el acompañamiento a familias, la psicóloga Mariângela Mantovani observa que, en relación con las tecnologías, es necesario que los padres establezcan reglas claras con sus hijos, ya que, por lo general, esta relación suele volverse conflictiva. Hay familias que tienen dificultades para poner límites y otras que reprimen a sus hijos. La dificultad está en encontrar el equilibrio, teniendo en cuenta que los padres deben dar el ejemplo.
Los desafíos de la educación para los medios de comunicación involucran a la familia y a las instituciones de la sociedad responsables de la formación ciudadana, ya que el control de las plataformas está en manos de unos pocos. El papa León XIV recuerda que, para los padres, resulta difícil resistir por sí solos la influencia de los «modelos de negocio que capitalizan la atención y el tiempo». Por eso, afirma que «es indispensable una alianza entre la política, las instituciones educativas y las familias, capaz de apoyar concretamente a los adultos en su tarea».
El Papa recuerda también que la escuela es el lugar donde las nuevas generaciones pueden aprender a buscar y amar la verdad, a preguntarse por el sentido de la vida y por la dignidad de cada persona. Señala que muchos padres, deseosos de que sus hijos crezcan siendo capaces de establecer relaciones, con espíritu crítico y valores sólidos, depositan en la escuela grandes expectativas y la consideran una valiosa aliada en la educación de sus hijos. Sin embargo, recuerda que corresponde a los padres el derecho fundamental, al que no pueden renunciar, de elegir la «formación que transmitirán a sus hijos, de acuerdo con sus convicciones morales, culturales y religiosas».
La Iglesia, en sus documentos sobre comunicación, destaca la importancia de que los padres acompañen a sus hijos y sean sus educadores en relación con lo que ven, miran y comparten. La educación para los medios comienza en la familia, célula madre de la sociedad, y se extiende a todos los momentos de la vida.
Aunque los niños y los jóvenes sepan más de tecnología que sus padres, la autoridad y la misión de educar no pueden delegarse en terceros. De allí surge la necesidad de educarse para vivir en la cultura digital. En tiempos de IA, saber cuándo no utilizar la tecnología es el mayor desafío.
En este tiempo de constantes cambios, de información que no alcanzamos a seguir y de la sensación de estar atrasados, desinformados o quedarnos atrás si no estamos al tanto de los acontecimientos y las noticias de nuestro grupo o de nuestra «burbuja», es necesario detenernos, conversar y pensar sobre lo que está sucediendo.
¿Somos acaso máquinas que procesan información o somos personas que piensan, sienten, eligen y conviven? De eso se trata, de educarse. Y cuando escuchamos la palabra educación, inmediatamente pensamos en la escuela. Pero los medios de comunicación son una escuela sin muros, porque constantemente informan y nos dicen qué tenemos que leer, ver y hacer. Es decir, quienes producen contenidos buscan guiarnos y orientarnos. ¿Hacia dónde?
La necesidad de analizar, con distanciamiento crítico, aquello que recibimos es permanente, pero hoy se vuelve más urgente, ya que «toda tecnología educa a quien la utiliza», afirma la Carta Encíclica Magnifica Humanitas, del papa León XIV. Y agrega: «Educar para el uso de la Inteligencia Artificial (IA) implica, por lo tanto, educar para decidir cuándo y en qué situaciones no utilizarla».
La IA está presente en todos nuestros accesos a la información, ya sea a través del celular o de otros dispositivos, e incluso en la radio y la televisión, porque quienes producen los programas se sirven de ella mediante distintos sistemas. Al pagar una cuenta bancaria, solicitar un turno médico y realizar otras operaciones, incluso en el supermercado, la IA está allí. ¿Cuándo debemos utilizarla y cuándo es mejor no hacerlo?
Uno de los criterios para elegir es el respeto por el ser humano y su dignidad. Es cierto que también en las relaciones presenciales, con frecuencia, existe falta de respeto por diferentes motivos que se resumen en prejuicios relacionados con cuestiones sociales, étnicas, generacionales, de género, entre otras. Por eso, educarse para la comunicación significa aprender a convivir y saber elegir el momento de utilizar las tecnologías, también cuando estamos en familia. Son frecuentes las imágenes de personas que asisten a una fiesta o a una cena y que, en lugar de conversar, escuchar y mirarse a los ojos, permanecen cada una en su celular, dentro de su propio mundo.
Desde su experiencia en el acompañamiento a familias, la psicóloga Mariângela Mantovani observa que, en relación con las tecnologías, es necesario que los padres establezcan reglas claras con sus hijos, ya que, por lo general, esta relación suele volverse conflictiva. Hay familias que tienen dificultades para poner límites y otras que reprimen a sus hijos. La dificultad está en encontrar el equilibrio, teniendo en cuenta que los padres deben dar el ejemplo.
Los desafíos de la educación para los medios de comunicación involucran a la familia y a las instituciones de la sociedad responsables de la formación ciudadana, ya que el control de las plataformas está en manos de unos pocos. El papa León XIV recuerda que, para los padres, resulta difícil resistir por sí solos la influencia de los «modelos de negocio que capitalizan la atención y el tiempo». Por eso, afirma que «es indispensable una alianza entre la política, las instituciones educativas y las familias, capaz de apoyar concretamente a los adultos en su tarea».

El Papa recuerda también que la escuela es el lugar donde las nuevas generaciones pueden aprender a buscar y amar la verdad, a preguntarse por el sentido de la vida y por la dignidad de cada persona. Señala que muchos padres, deseosos de que sus hijos crezcan siendo capaces de establecer relaciones, con espíritu crítico y valores sólidos, depositan en la escuela grandes expectativas y la consideran una valiosa aliada en la educación de sus hijos. Sin embargo, recuerda que corresponde a los padres el derecho fundamental, al que no pueden renunciar, de elegir la «formación que transmitirán a sus hijos, de acuerdo con sus convicciones morales, culturales y religiosas».
La Iglesia, en sus documentos sobre comunicación, destaca la importancia de que los padres acompañen a sus hijos y sean sus educadores en relación con lo que ven, miran y comparten. La educación para los medios comienza en la familia, célula madre de la sociedad, y se extiende a todos los momentos de la vida.
Aunque los niños y los jóvenes sepan más de tecnología que sus padres, la autoridad y la misión de educar no pueden delegarse en terceros. De allí surge la necesidad de educarse para vivir en la cultura digital.
Por Helena Corazza, fsp

