Primera encíclica del papa León XIV propone el «Camino de Nehemías» ante el avance de la Inteligencia Artificial
—por Hna. Patrícia Silva, fsp
La Magnífica Humanidad, que da título a la primera encíclica del papa León XIV,

se encuentra hoy, como bien señala el Papa, «ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o construir la ciudad donde Dios y la humanidad habitan juntos».
También habla de los objetivos de cada generación, en cada época: hacer madurar la historia como un lugar donde la dignidad de cada persona sea salvaguardada, la justicia sea promovida y la fraternidad sea posible.
Consciente de que «el misterio del hombre solo se esclarece verdaderamente en el misterio del Verbo encarnado», León XIV afirma que, así como en su tiempo León XIII abordó nuevas cuestiones en Rerum Novarum, nosotros también debemos interpretar las tendencias de nuestro tiempo, particularmente los avances de la técnica, lo digital y la inteligencia artificial.
Un gran poder
«Nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma», recordó el papa Francisco en Laudato Si’.
Ante esta realidad, surge la necesidad de adoptar instrumentos normativos adecuados, capaces de salvaguardar la justicia y contener los efectos nocivos del poder tecnológico. Sin embargo, el cuidado de la realidad no se agota en la regulación.
Quién posee este poder y con qué fines
Como advirtió el papa Francisco, debemos preguntarnos con realismo quién posee hoy este poder y con qué fines lo orienta:
«No podemos, sin embargo, ignorar que la energía nuclear, la biotecnología, la informática, el conocimiento de nuestro propio ADN y otras potencialidades que hemos adquirido […] dan, a quienes poseen el conocimiento y, sobre todo, el poder económico para aprovecharlo, un dominio impresionante sobre el conjunto del género humano y sobre el mundo entero».
Cuestiones fundamentales
Ante esto, se imponen a nuestra conciencia preguntas decisivas que ya no pueden ser evitadas:
- ¿Hacia dónde vamos?
- ¿Por qué meta deseamos orientarnos?
- ¿Qué dirección elegir como comunidad humana y como pueblos?
Para ilustrarlo, dos imágenes bíblicas
En la era de la inteligencia artificial, el papa León XIV evoca dos imágenes bíblicas: la construcción de la torre de Babel (cf. Gn 11,1-9) y la reconstrucción de las murallas de Jerusalén (cf. Ne 2-6). El Espíritu Santo nos interpela hoy acerca de nuestra relación con la técnica y con la revolución digital en curso.
Los descubrimientos científicos son un don concedido a la humanidad para que esta lo haga fructificar (cf. Mt 25,14-30). La tecnología puede curar, conectar, educar y cuidar la Casa común; pero también puede dividir, descartar y generar nuevas injusticias.
Los muros de la convivencia fraterna
Entre construir Babel o reconstruir Jerusalén: entre un poder que pretende dominar el cielo y un pueblo que, unido y en presencia de Dios, comienza el trabajo de levantar nuevamente los muros de la convivencia fraterna.
Y el papa León sugiere: evitemos el «síndrome de Babel»: la idolatría de la ganancia, que sacrifica a los más débiles; la uniformidad, que anula las diferencias; la pretensión de un lenguaje único —también digital— dedicado a traducir todo en datos y desempeños, incluso el misterio de la persona.
Este es el riesgo de la deshumanización: construir el futuro excluyendo a Dios y reduciendo al otro a un medio; una tentación tan antigua como nueva que hoy también adquiere una dimensión técnica.
Elegir el «Camino de Nehemías»
Este camino destaca el valor del trabajo conjunto para garantizar la seguridad de la ciudad de Dios a los exiliados que regresaban.
Reconstruir hoy significa reconocer, en la pluralidad de voces y visiones que a veces recuerda la dispersión de las lenguas, la existencia de una posibilidad luminosa: la de edificar juntos, transformando la diversidad en un recurso y haciendo de la escucha y del diálogo el terreno común en el que crecen la justicia y la fraternidad.
En el marco de esta obra compartida, los cristianos encuentran su forma específica de construir: orientar la acción hacia Dios, de modo que, a su luz, el pluralismo no se disperse en el desorden, sino que, mediante la práctica de la sinodalidad, se convierta en el lugar donde la humanidad vuelve a encontrar sus sólidos fundamentos y su fin último.
«Construir en el bien»
Construir una ciudad orientada al bien común exige, en primer lugar, edificar sobre la roca de la relación con Dios. Reconocer que la verdad de su amor nos llama a una vida «en abundancia» (Jn 10,10) y a la comunión con Él.
Edificar en el bien significa aceptar los límites y la fragilidad de la humanidad, sin considerarlos un error que debe ser corregido. También significa reconocer la ilusión de una técnica que promete liberarnos de toda fragilidad o de modelos de bienestar que «dejan atrás» a pueblos enteros.
La ilusión de un perfeccionamiento sin límites, bajo distintas formas de progreso, puede exacerbar las desigualdades, mediante soluciones inmediatas incapaces de sanar las heridas de los pueblos. Así, mientras algunos persiguen una autoafirmación ilimitada, muchos continúan sin tener lo esencial.
Un mundo donde todos puedan «florecer» exige una corresponsabilidad valiente. Ninguna mano, por sí sola, es suficiente para soportar el peso de los desafíos que azotan al mundo; y ninguna mano es tan débil que no pueda ofrecer su contribución.
«La fuerza se manifiesta en la debilidad» (2 Cor 12,9).
Esta es la lógica de la subsidiariedad, que valora la cooperación entre generaciones, pueblos, disciplinas y culturas.

Camino de la Doctrina Social de la Iglesia
La Doctrina Social de la Iglesia surge, en su forma más auténtica, no como un manual de principios y normas que deben aplicarse, sino como un camino de discernimiento comunitario.
Nace del encuentro entre la verdad eterna del Evangelio y las cuestiones de la historia; se deja interpelar por los signos de los tiempos; y se nutre de las aportaciones de las ciencias, las culturas y las experiencias humanas.
Una parte de la encíclica desarrolla la evolución de la Doctrina Social de la Iglesia sobre la dignidad humana, el bien común, la justicia social, el trabajo, la solidaridad, el cuidado de las personas y del mundo creado. Todos estos son aspectos que deben ser considerados en la cultura digital, a la luz de la palabra autorizada de los papas León XIII, Pío XI, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco.
Criterios para juzgar la tecnología digital
Algunos interrogantes pueden servir como termómetros para evaluar la tecnología:
¿Promueve la dignidad?
¿Aumenta la fraternidad?
¿Protege a los más frágiles?
¿Favorece el bien común?
(Si quieres profundizar en la propuesta del papa León XIV y conocer la encíclica Magnífica Humanidad, puedes encontrarla en la Librerías Paulinas Argentina.)
Conocé la encíclica «Magnífica Humanidad»
